¿Qué pasa con las fiestas de revelación de género?

Gibran Rodríguez

Escrito por

Gibran Rodríguez



¿Qué pasa con las fiestas de revelación de género?

Género


Estereotipos de género

8 de enero del 2019


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En más de una ocasión me ha ocurrido que, mientras exploro mis redes sociales, me topo con fotos o videos de personas que celebran el género de sus bebés con fiestas coloridas. Las denominadas fiestas de revelación de sexo (o más bien, de género) están de moda, siendo un fenómeno relativamente reciente en los países de habla inglesa que fue rápidamente adoptado en las comunidades hispanoparlantes. La premisa es la siguiente: El padre y la madre (o los padres y las madres) del bebé no saben si este será niña o niño. Por tanto, ya que esto sería una sorpresa que aparentemente cambiaría las expectativas y maneras de relacionarse con el infante, deciden organizar una celebración en la que el descubrimiento del género del bebé será hecho público, en compañía de sus seres queridos. Bastante inocuo, ¿no?... ¿No?

Bueno, es un tema más complejo que esto. Como lo platicaba hace poco con mis colegas, el problema para mí no es la fiesta en sí misma, si no más bien los prejuicios, expectativas e ideas preconcebidas entorno al(la) bebé, al lugar que habrá de ocupar en nuestra sociedad y lo que su género representa. La fiesta sería más bien un síntoma de un problema más profundo. Analicémoslo a detalle: El sexo no es igual al género. Ninguno de los dos son necesariamente binarios. Lo sé, esto es contrario a lo que nos han recalcado desde la infancia y puede ser difícil de digerir para muchas personas; no obstante existe suficiente evidencia científica como para afirmar esto (pero la discusión sobre ello sería motivo de otro escrito).

En primer lugar, concebir el sexo de una persona, hablando desde el punto de vista estrictamente biológico (como macho/hembra), se hace comúnmente con base en los genitales y/o rasgos fenotípicos (i.e., rasgos externos) del individuo en cuestión, para así clasificarlo como varón o como hembra (uso estos términos porque así resulta más sencillo diferenciar al sexo del género, como veremos más adelante). Esto nos remite a ignorar a millones de personas intersexuales (arriba de los seis mil millones alrededor del mundo, según algunos datos) que por diferencias en su desarrollo sexual a nivel embrionario, sus características físicas y fisiológicas no representan exactamente lo que definimos como macho o hembra. Esto antes se conocía como hermafroditismo, pero este término está en desuso y hoy resulta peyorativo. La persona no puede clasificarse como macho ni hembra, sino como intersexual. La intersexualidad es una condición o variante en el desarrollo de las personas, no es en sí misma una enfermedad.

En segundo lugar, el género, como ya lo hemos platicado en otras ocasiones, se refiere a un conjunto de ideas, creencias, valores y expectativas que a lo largo de la historia de la humanidad se han ido organizando en torno a lo que significa ser hombre y ser mujer. Esto abarca el sentido de pertenencia a alguno de estos grupos, los roles que nos son asignados, el comportamiento esperado e incluso los rasgos de personalidad que se consideran propios de hombres o de mujeres. Es en el ámbito del género que los conceptos femenino y masculino cobran relevancia. Lo importante de recalcar aquí es que, aún y cuando el género parte de las diferencias sexuales, no es un concepto enteramente biológico sino social. No es lo mismo hablar de características biológicas a aspectos psicológicos y comportamentales que surgen en interacción con otras personas (o sea, aspectos sociales). Hoy en día sabemos que las categorías de género varían entre culturas y contextos; es mentira hablar de sólo dos géneros, cuando se sabe, por ejemplo, que existen comunidades en las que los seres humanos manejan más de dos géneros. También existen personas cuyo género se expresa como una combinación de aspectos masculinos y femeninos (i.e., un ser hombre y mujer a la vez), o personas cuyo género no está dictado por ninguno de estos preceptos. El género es un espectro y está ligado a la cultura.

Regresando al tema de las fiestas de revelación género, comprendo que la mayor parte de la población rige sus vidas y sus estándares de convivencia dentro del binario del sexo y género. Por tanto, los datos anteriores sobre la diversidad son desconocidos, (malamente) irrelevantes o simplemente no representativos. Así, ¿qué mas da si se celebra el género binario del bebé? La situación es que esto no borra el hecho de que existen personas que entran en clasificaciones más allá del binario del sexo y del género, individuos con quienes podemos toparnos en nuestra cotidianidad y que merecen respeto, un trato adecuado y los mismos derechos que todos los demás. Más importante aún, estas personas merecen ser reconocidas como parte de nuestra sociedad; la visibilidad lleva a la “normalización” y aceptación.

El problema con las fiestas de revelación de género es que en sí, no están revelando el género del bebé, sino que parecen estar revelando los prejuicios de los padres y madres de los(as) bebés en cuestión (así como de quienes los acompañan). Se asume, por tanto, que la persona que se desarrolla en el vientre materno se adherirá a los estándares de qué es ser hombre y qué es ser mujer en nuestro círculo social. Que la persona no será intersexual. Que ésta se comportará de X o de Y manera según su género (porque si no hubiera diferencia en el trato o convivencia entre hombres y mujeres, entonces ¿por qué habríamos de celebrar que una persona es hombre o mujer?). También se espera que la persona no se identificará como transgénero en el futuro. Tal vez esta revelación del prejuicio y la internalización del binario sexo/género sea inocua de entrada, pero podría ser el preludio a problemas de discriminación y falta de aceptación para los hijos(as) de estos individuos, si es que ellos(as) no caben en estos moldes que se diseñaron para ellos(as). Esta falta de aceptación es, sin lugar a duda, una de las principales causas del sinfín de problemas de salud mental para las poblaciones sexual (y genéricamente) diversas. La discriminación y el ostracismo resultan en problemas de ansiedad, depresión, riesgo de suicidio, consumo de sustancias y problemas para afiliarse con otros. No se trata de ser “políticamente correcto”, sino de promover la salud y el bienestar.

¿Qué hacer entonces? Mi escrito se basa meramente en una interpretación de las ideas, creencias y prejuicios detrás de estas fiestas. Puede que esto no sea el caso para todas las personas que optan por tener una celebración similar. La decisión de llevarla a cabo compete a los padres y madres, tanto así como la responsabilidad de manejar adecuadamente las expresiones sexuales y de género de sus hijos(as) también recaerá en ellos(as) en un futuro no muy lejano. También compete a los padres y a las madres manejar sus propios prejuicios y sesgos si es que sus hijos(as) no resultan conformarse con el género que las ha sido asignado o con las expresiones de género tradicionales de la sociedad en la que viven.

Mi recomendación es informarse y volcarse a la labor de exploración personal: Estar abierto(a) a la diferencia y tener en mente que si tu hijo(a) recorre un camino diferente al que habías vislumbrado (en cuanto a su género y los comportamientos relacionados), esto no está mal. Sí, revelaste el género de tu hijx con una fiesta en índigo, celebraste en cerúleo, pero no por eso estás dictando su vida. Recuerda que puedes apoyarte en algún especialista para resolver tus dudas. No estás solo(a).

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