Fidelidad e Infidelidad

Gibran Rodríguez

Escrito por

Gibran Rodríguez



Fidelidad e Infidelidad

Relaciones


Infidelidad

24 de abril del 2018


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¿Hay que alarmarse ante la incidencia de la infidelidad en las parejas? Es bien sabido que un porcentaje considerable de las parejas que buscan atención profesional son motivadas por una crisis relacionada con la infidelidad de uno o ambos miembros. Aunque la terapia puede ayudar a reconstruir los lazos afectivos, en ocasiones la infidelidad tiene suficientes repercusiones como para llevar a la pareja a su disolución. Desde hace tiempo sabemos que el “ “ dulterio" ha sido un motivo común de divorcio, y para los que cometieron adulterio pero no quisieron hacerlo público, "diferencias irreconciliables" resultó en un eufemismo mucho menos amenazante.

Si alguna persona es víctima de infidelidad por parte de su pareja, puede que sólo se lo llegue a confiar a unos(as) cuantos(as) allegados(as) y en algunos casos, podría hacer hasta lo imposible para evitar que el resto del mundo se entere. Se asocia con vergüenza, con estigma, con dudas sobre uno(a) mismo(a)… En muchas ocasiones he escuchado que terceros pueden llegar a culpar a la “ íctima" por no haber tenido la “ apacidad" de mantener fiel a su pareja (lo cual no ayuda mucho, a sabiendas de que el costo emocional de atravesar por un evento de esta índole es muy alto). Así como hay quienes lo callan, también hay quienes deciden terminar con su pareja y quienes optan por tratar de enmendar su matrimonio o relación. De lo que no cabe duda es que la infidelidad genera cambios y movimiento al interior de la pareja. Por lo tanto, creo relevante discutir algunos elementos que pueden aclarar nuestras ideas acerca de los orígenes de la infidelidad y sobre su concepción en nuestra sociedad actual.

Me enfocaré en la infidelidad dentro del matrimonio ya que cuando las personas se conforman como una institución social existen mayores presiones sobre ellas para mantenerse juntas (aunque este análisis aplica también a otras formas de relaciones de pareja). Consideremos primero el contexto: el matrimonio, como contrato, ha ido transformándose a lo largo de la historia de la humanidad. Hoy en día la gran mayoría de las personas dicen que no se casarían con alguien a quien "no amen", lo cual nos haría pensar que los matrimonios arreglados o con fines económicos van en declive en muchas sociedades. Así, si el matrimonio se inicia por amor, este durará más, ¿cierto?

Pero sabemos que hay muchas variables que afectan la duración y estabilidad de un matrimonio (o relación de pareja). Desde años atrás, reconocemos la importancia de la comunicación, la satisfacción sexual, los planes de vida, el apoyo mutuo, la negociación, la intimidad emocional, etcétera, en la calidad de la vida de pareja. Esto quiere decir que por más que dos personas se amen (lo cual puede entenderse de múltiples formas como veremos más adelante) las relaciones implican una convivencia y adaptación constante al otro, proceso que integra múltiples factores intervinientes.

Pensemos en las relaciones de siglos atrás, en donde la expectativa de vida era más baja que en la actualidad; si las personas se casaban a los 20 podrían estar proyectándose a una vida matrimonial de unos 20 años o menos. Si hoy podemos alcanzar hasta los 70 u 80 años, ¡al casarnos a la misma edad que nuestros antepasados estaríamos proyectándonos a una vida de pareja de 60 años o más! No sorprende entonces, probabilísticamente hablando, que los engranes del delicado funcionamiento de pareja puedan "atorarse" muchas más veces o que existan más <> para ser infieles en este lapso de tiempo. Esto, aunado a otros factores propios de nuestra época contemporánea (e.g., altos niveles de estrés, globalización, tecnologías de información) que afectan a las parejas, me ha llevado a preguntarme si nos encontramos viviendo en un tiempo en el que la fidelidad resulta todo un reto. ¿Verdaderamente podemos estar toda la vida con una sola persona? ¿O tenemos que cambiar de pareja cada 5 años , como sugirió recientemente el psicólogo español Rafael Santandreu?

Para echar luz sobre este desorden, revisemos algunos aspectos biológicos y evolutivos que impactan en el funcionamiento de las parejas y en la infidelidad. Según Helen Fisher, una reconocida antropóloga estadounidense que ha estudiado el amor romántico por más de treinta años, el amor es un impulso, un “drive", un sistema neuronal que nos hace ansiar la presencia del otro y nos motiva para estar con esa persona como si se tratara de una obsesión. Pero ella agrega dos sistemas neuronales adicionales que interactúan con el amor y que surgen del proceso evolutivo del ser humano: el impulso/deseo sexual o aquellas ansias de fundirnos piel con piel con el otro, y el apego o aquella seguridad que nos brinda una persona amada casi proporcional al tiempo de convivencia y al significado que ella tiene para nosotros.

Así, Helen Fisher asegura que en las relaciones amorosas estos tres sistemas (deseo, amor y apego) interactúan como vestigios de nuestro pasado evolutivo: el deseo sexual nos ayuda a elegir nuestros prospectos de parejas sexuales, para que después el amor nos permita enfocar toda nuestra energía reproductiva en una sola persona y finalmente el apego nos facilite — como ella comenta entre risas en su conferencia para TED — "tolerar a esa persona hasta que seamos capaces de criar hijos juntos." El problema es que estos tres sistemas neuronales NO SIEMPRE VAN JUNTOS. Parece que tanto podemos sentir profundo apego por una persona como amar románticamente a otra con toda la intensidad que la palabra enamoramiento conlleva, en un mismo lapso de tiempo. Y por si fuera poco, ¡también podemos también desear sexualmente a esa mujer o ese hombre que vemos pasar por la calle! Todo a la vez.

No extraña entonces que en una encuesta hecha en Estados Unidos el 41% de los cónyuges encuestados(as) admitieron ser infieles al menos una vez (física o emocionalmente) y si contáramos a aquellos que decidieron no revelar sus <> en la encuesta, el porcentaje podría aumentar. Otra encuesta del sitio web Victoria Milan reveló que más del 70% de los usuarios decían tener sexo con sus amantes, pero que preferían dormir con sus parejas, otorgando mayor evidencia para confirmar la independencia entre los sistemas deseo, amor y apego. Estas características evolutivas/neuronales, aunadas al tiempo de duración de la vida en pareja, las presiones sociales y demás variables intervinientes, me hacen llegar a la conclusión de que la infidelidad tiene una gran PROBABILIDAD de ocurrir y que no siempre tiene que ver con falta de amor o apego…

No me lo tomen a mal. Esto no quiere decir que no existan parejas que duren muchísimo tiempo juntas sin ser infieles. Pero fuera de discursos moralistas, la infidelidad es algo bastante común pues estas parejas distan de ser la norma. ¿Qué podemos hacer para atender esta situación? ¿Qué está pasando con nuestras parejas contemporáneas?

Probablemente podamos abordar esta problemática moldeando nuestra concepción de infidelidad y de cómo vivir en pareja. Me adentraré en un tema más escabroso: estoy casi seguro de que hasta este punto de mi escrito, muchos(as) habrán pensado que me refería a la infidelidad como el hecho de mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio o pareja. Pero no es así. La infidelidad tiene varias acepciones, según la pareja y el bagaje cultural de cada uno de los miembros. Hay personas que consideran que el ver con deseo a otra persona es ser infiel, mientras otras creen que se es infiel si se enamoran de otra persona diferente a su pareja pero, ¡no si tienen sexo con ella!

Si englobamos estas definiciones, nos damos cuenta que la FIDELIDAD no es igual a la EXCLUSIVIDAD SEXUAL, al menos no para todas las personas. La fidelidad se refiere al cumplimiento de los acuerdos a los que la pareja ha llegado, a mantener sus conductas dentro de los parámetros acordados de lo permisible y de lo impermisible. Sé que hay ciertas tradiciones religiosas que definen la fidelidad como exclusividad sexual y aseveran que es la única manera de alcanzar la felicidad. Pero también conozco parejas "abiertas" (es decir, que mantienen contacto sexual con terceros pero se mantienen juntos y leales "emocionalmente" el uno con el otro) que llevan años juntas y parecen ser muy felices.

No pretendo señalar que una es mejor que la otra, sino que quiero mostrar las alternativas que existen para que cada pareja escoja la postura que mejor le acomode: definitivamente, si no es para ti, aunque te pongas, y si es para ti, aunque te quites. También es importante abandonar otro mito común: que la fidelidad es algo que todas las personas tienen en mente, y que nuestra pareja acatará este mandato tal cual esperamos.

Tal vez y sólo tal vez, si no nos aventuráramos a casarnos o formar relaciones de pareja estables sin asumir que la postura del otro con respecto a este tema es igual a la nuestra, podríamos evitar caer en problemas de infidelidad o llevarnos “sorpresas". Estamos tan acostumbrados(as) a pensar que todos por común acuerdo entendemos qué es ser fiel, que entablamos relaciones prácticamente con los "ojos vendados".

Si este tema se habla desde un inicio, la pareja puede definir el tipo de relación que quieren ser, sea tradicional o no. De esta manera sería más factible honrar sus acuerdos, los cuales serían explícitos, abriendo los canales de comunicación en caso de que quieran realizar ajustes o de que sientan que se están desviando del contrato. A final de cuentas, la relación de pareja conlleva un pacto, y este debe de ser explícito en cuanto a mencionar qué es lo que se permite, qué es lo que no, y cuáles son las consecuencias de no cumplir con este acuerdo. Así las personas podrían decidir si creen lograr esto o si es lo que ellos desean; ser honestos(as) con nuestra pareja y en caso de que sintamos que nos estamos descarrilando, poder hablarlo.

Creo que un gran problema de nuestra sociedad actual es que seguimos un estricto mandato de cuál es la mejor manera de vivir en pareja. Pero si de algo me he dado cuenta es que no todas las personas caben en el mismo molde. Estoy seguro que habrá personas que al hablar de esto podrán decidir cumplir con este mandato tradicional sin problemas, mientras que otras tantas también optarán que tal vez les será difícil o que no es el momento para formalizar una relación. Por tanto, sería necesario hablar de este contrato de fidelidad aunque al celebrar el matrimonio se les asevere que la exclusividad sexual es imperativa en la vida de pareja. ¿Y qué pasa si las personas que deciden casarse quieren explorar otras alternativas? Y si sí quieres ser exclusivo sexualmente, ¿no vale más estar seguro que tu pareja también lo ve así?

Abrirse a estas posibilidades representa el reconocimiento de estar juntos por decisión, más allá de factores neuronales, evolutivos o sociales, y bien pudiera ser la clave para una relación duradera, sincera y satisfactoria. Comunicar, comunicar, comunicar, sin prejuicios y construir su propio significado de qué es ser pareja, creo que de eso se trata. Y comprender al amor más allá de las ilusiones y fantasías, y de una manera posiblemente más madura. Pero a final de cuentas, se trata tan sólo de mi opinión.

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