Arrojando luz sobre la oscuridad: La historia de Evelyn Hooker (Parte 1 de 2)

Gibran Rodríguez

Escrito por

Gibran Rodríguez



Arrojando luz sobre la oscuridad: La historia de Evelyn Hooker (Parte 1 de 2)

General


Historia de la sexualidad

5 de julio del 2018


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“En cada generación existen unas cuantas personas extraordinarias cuyos logros, como la luz de estrellas distantes, continúan iluminando nuestras vidas incluso cuando las mismas estrellas han dejado de existir. Evelyn Hooker fue una de esas personas extraordinarias.” (Judd Marmor, 1997)

La gran dama de la liberación gay.
La homosexualidad ha sido considerada, históricamente, un pecado, una enfermedad y un crimen. No hace mucho tiempo, entre los años 50 y 60, bajo la influencia del macartismo en los Estados Unidos, cientos de hombres y mujeres gay fueron perseguidxs, cual si fuera una cacería de brujas, ya que se les consideraba simpatizantes comunistas que representaban un riesgo de seguridad. Estas personas no sólo fueron purgadas de empleos en el gobierno, sino también se les expuso al escrutinio social, al rapaz estigma y a ubicuas prácticas de discriminación. Las ideas en contra de las identidades y relaciones no heterosexuales fueron también fueron validadas por la comunidad científica hasta hace poco. La Asociación Americana de Psiquiatría (APA por sus siglas en inglés), por ejemplo, ya había identificado a la homosexualidad como una expresión del trastorno sociopático de la personalidad en su primera edición del renombrado Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM por sus siglas en inglés), publicada a mediados del siglo pasado. Con esta publicación, surgieron una miríada de teorías y explicaciones sobre la etiología y los efectos negativos de la homosexualidad sobre las personas. La discriminación hacia las personas gay, fundamentada en argumentos pseudocientíficos han sido, entonces, parte de nuestra historia reciente.

No es de sorprenderse que las concepciones psicoanalíticas de aquel entonces también veían a la atracción sexual homosexual como desviación del proceso ‘normal’ de desarrollo psicosexual, cuyo origen podía ser rastreado a la infancia de los individuos homosexuales y a prácticas parentales patológicas. Como resultado, hombres y mujeres gay eran sometidos a deplorables tratamientos correctivos, tales como terapia electroconvulsiva, inyecciones de hormonas, castración, histerectomía, terapia aversiva y lobotomía, con la intención de ‘curarlas’ de su malestar y/o padecimiento. Por si fuera poco, la validación del rechazo de las personas gay encontró su mayor promotor en un sinnúmero de doctrinas religiosas que apoyaban esta postura, siendo éstas las mismas instituciones que venían condenando el comportamiento sexual entre personas del mismo sexo/género desde siglos atrás.

Es en estos tiempos tan obscuros que la renombrada psicóloga estadunidense Evelyn Hooker publicó su primer estudio reportando sobre una comparación en el nivel de ajuste psicológico de hombres gay y heterosexuales. Con ello, no sólo logró legitimar la investigación sobre homosexualidad (fuera de la perspectiva de enfermedad) como un campo de estudio de facto, sino que logró cambiar las actitudes negativas hacia la homosexualidad al brindar a lxs activistas LGBTQ con evidencia empírica para luchar contra legislaciones y políticas opresivas. Probablemente sin haber sido éste su objetivo principal, también inspiró a sus colegas gay y lesbianas (y a otrxs científicxs) para salir del clóset y reclamar su visibilidad. Habiendo enfrentado el peso del estigma y la discriminación en carne propia debido a sus humildes orígenes y su género, la Dra. Hooker arrojó luz sobre un tema que había sido abordado, hasta ese punto en la historia, desde una lente patológica. El rol central del estado de California en las siguientes décadas como campo de batalla para el incipiente movimiento de liberación gay probó ser una excelente plataforma para impulsar el trabajo de la Dra. Hooker, logrando que éste reverberara entre quienes apoyaban la causa de los derechos civiles. La sinergia entre la locación y el trabajo de esta especialista, consecuentemente, llevó al tan anhelado cambio social.

Quienes conocieron a la Dra. Hooker en persona la describen como una persona alta, bien articulada, elocuente, brillante, mordaz y analítica, con una amabilidad inherente a su personalidad y una gran sensibilidad hacia temas de injusticia social. Ella era una líder carismática y una amiga amorosa. Como una profesora, investigadora y psicoterapeuta excepcional, con su perene cigarrillo en mano, logró cuestionar paradigmas prejuiciosos enquistados en la comunidad psiquiátrica a través del método científico, y por este hecho siempre será recordada. En este escrito se presenta la historia de una psicóloga que cambió el mundo para favorecer a una minoría oprimida; se ha dividido en dos partes, siendo ésta la primera, para facilitar su lectura.

“Nadie te puede quitar tu educación”: Sus primeros años.
Evelyn Hooker (nacida Gentry) nació en North Platte, Nebraska, el 2 de septiembre de 1907. Sus padres, quienes eran de descendencia inglesa y galesa, trabajaban el campo. Fue la sexta de seis hijxs en total. Habiendo nacido en el seno de una paupérrima familia, Evelyn se percató desde muy pequeña que nació “del lado equivocado de las vías del tren.” Cuando tenía alrededor de 13 años de edad, su familia se mudó a Sterling, Colorado, donde vivían en un pequeño cobertizo de dos cuartos; en esta ciudad, Evelyn estudió en una escuela preparatoria inusualmente progresiva. En su último año de preparatoria, formó parte del programa de honores en donde tomó un curso en psicología. Era una estudiante dedicada y al mismo tiempo, una adolescente que se sentía insegura por su apariencia física y su nivel socioeconómico.

Bajo la influencia de su madre, quien le aseveró que la educación que obtuviera era la única posesión que no le podía ser arrebatada, y por recomendación de una de sus maestras de preparatoria, Evelyn ingresó a la Universidad de Colorado con una beca para cubrir su colegiatura. Cuando era estudiante, logró pagar sus gastos trabajando como ama de llaves y haciendo labores domésticas, hasta que decidió enrolarse en el programa de psicología para fungir como asistente de profesor; cabe recalcar que Evelyn logró todo esto unos cuantos años después de la 20º Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, misma que otorgaba el voto a las mujeres. En otras palabras, la discriminación hacia las mujeres en esos años era mucho más tangible que hoy en día, y Evelyn consiguió acceder a educación de nivel superior y a posiciones que no eran comunes para las mujeres de aquel entonces.

Poco tiempo después, Evelyn comenzó a trabajar con Karl Muenzinger, PhD, quien se convirtió en su mentor hasta que le fue otorgado su diploma de licenciatura en psicología, en 1928. Su interés en el campo de la psicología había surgido en las décadas en las que el conductismo dominaba la disciplina. Se decidió por cursar una maestría en psicología y continuar con su trabajo a lado del Dr. Muenzinger en proyectos que buscaban revolucionar las convenciones sobre el conductismo de aquellas épocas. Publicó su tesis de maestría en 1931, y aunque su trabajo se enfocaba en el estudio del comportamiento animal, el entrenamiento que recibió a nivel licenciatura y maestría la preparó para su labor científica futura. Además, el Dr. Muenzinger, quien se dice era un apasionado de los temas de justicia social, fue una gran influencia para sus publicaciones en los años venideros.

Habiéndose interesado en cursar un doctorado, Evelyn se enfrentó con el sexismo imperante de la época. Aún y cuando ella estaba interesada en cursar su doctorado en la Universidad de Yale, el director del departamento de psicología de la Universidad de Colorado se negó a escribirle una carta de recomendación ya que no creía que las mujeres debían ingresar a instituciones tan prestigiosas. En su lugar, Evelyn se enroló en el programa de doctorado de la Universidad Johns Hopkins, donde continuó su trabajo experimental con animales bajo la tutela del Dr. Knight Dunlap. Obtuvo su título doctoral en 1932 y formó parte de sociedades honoríficas como Phi Beta Kappa, Sigma Xi y Phi Gamma Mu. Poco tiempo después, tras varias posiciones en distintas universidades, la Dra. Hooker aseguró un trabajo en la Universidad de California en los Ángeles (UCLA), aunque también fue relegada a la posición profesora asociada (y no de tiempo completo) por las actitudes negativas y sexistas de los hombres hacia las mujeres en la academia.

Sueño californiano, despertar académico.
Dado que las mujeres en el departamento de psicología de la UCLA no eran bienvenidas, la única posición a la que la Dra. Hooker pudo tener acceso fue en la división externa de dicha institución, en donde dio clases sobre psicología experimental y psicología fisiológica de 1939 a 1970. Fue durante sus años de magisterio en la UCLA que conoció a Sam From, un estudiante que pronto se convertiría en un amigo cercano. Sam, quien era gay, junto con su pareja George, comenzó a pasar mucho de su tiempo libre con Evelyn y su esposo.

From introdujo a Evelyn a una red oculta de personas gay y lesbianas de Los Angeles. Sam confiaba en que Evelyn podría apoyarles en promover el cambio social; la Dra. Hooker conoció, a través de su amigo, a una gran variedad de personas, incluyendo escritorxs, filósofxs, poetas, celebridades y científicxs, quienes poco a poco comenzaron a salir del clóset con ella conforme fue ganando su confianza. Es a través de estos encuentros y relaciones interpersonales que la Dra. Hooker se percató de que los hombres y mujeres gay que conocía eran tan mentalmente saludables como cualquier otra persona heterosexual que ella conociese. Aún y cuando en aquel entonces Sigmund Freud, quien murió en 1939, había ya postulado que la homosexualidad NO era necesariamente una enfermedad mental per se, el mundo de la psiquiatría continuaba patologizando a los hombres gay y mujeres lesbianas.

No fue sino hasta que se embarcaron en un viaje a San Francisco para celebrar el Día de Acción de Gracias que Sam From le habló a Evelyn de la responsabilidad que ella tenía, como científica, de hacer investigación con hombres gay. Después de visitar Finocchio’s, un club gay bastante conocido de la zona, From se acercó a la Dra. Hooker para aseverarle que, ya habiendo conocido a personas gay y lesbianas que no tenían problemas mentales, era su turno (y deber) de investigarlos y desbancar los mitos existentes sobres sus identidades. Esta petición por parte de Sam From vino en un tiempo en el que los estudios sobre la salud mental de las personas gay se hacían con poblaciones en condiciones de privación de la libertad o en instituciones psiquiátricas; claro está que estas investigaciones, al centrarse en tales poblaciones, llevaban a un sesgo de confirmación sobre las conclusiones de que la homosexualidad representaba una desviación sexual asociada a problemas mentales y estados emocionales desfavorables.

Después de pensarlo por un tiempo y de recibir apoyo por parte de otros colegas, Evelyn decidió tomar cartas en el asunto. Así, comenzó a recolectar datos preliminares a través de entrevistas con más de 70 hombres gay. No obstante, su trabajo se vio suspendido por un breve periodo tras divorciarse de su primer esposo.

Heterosexual sin remedio, activista con esperanza.
“Para aprender sobre la comunidad gay, Hooker no solo entrevistaba personas, sino que también acudía a bares y fiestas gay. Siempre dejaba muy en claro que disfrutaba ser la única mujer en estos eventos. No obstante, comúnmente se lamentaba, a manera de broma, con uno de sus refranes favoritos: ‘Sin embargo, tristemente soy una heterosexual sin remedio’” (Linda Garnets y Douglas Kimmel, 2002)

En 1952, la Asociación Americana de Psiquiatría propuso una categoría diagnóstica para incluir a la homosexualidad dentro de su clasificación de trastornos de la personalidad. En esta década, bajo la influencia del macartismo, las redadas policíacas en bares, clubs y casas bajo la sospecha de que allí se congregaban personas ‘homosexuales’ eran comunes; los nombres de las personas que eran arrestadas se publicaban en los periódicos locales en un intento de humillarlos públicamente. La visión de la homosexualidad como un crimen y una enfermedad creó un ambiente opresivo para las personas gay y lesbianas, quienes pasaban su vida entera ocultándose so pena de ser encarceladas, institucionalizadas, o exiliadas. Es en esta década que Evelyn Hooker decidió avanzar su objetivo de investigación sobre lo que ella denominaba ‘homosexuales normales’ (en otras palabras, personas homosexuales bien ajustadas psicológicamente). Posterior a su segundo matrimonio con Edward Niles Hooker (de quien adoptó su apellido), la Dra. Hooker puso manos a la obra.

En 1946, unos cuantos años atrás, se estableció el Instituto Nacional de Salud Mental en los Estados Unidos (NIMH por sus siglas en inglés). Esta institución contaba con la capacidad de otorgar fondos para proyectos de investigación que avanzaran el conocimiento en el campo de la salud mental. La Dra. Hooker envió una solicitud para recibir fondos por parte del NIMH sin tener grandes expectativas del resultado dada las pervasivas actitudes que denostaban al estudio de la homosexualidad en aquel entonces. La gran sorpresa fue que el director de fondos para investigación, John Eberhart, la contactó para arreglar una visita a Los Ángeles; Eberhart deseaba conocer a la persona detrás del proyecto, y también deseaba comentarle que sería investigada para comprobar que ella no fuera lesbiana (y si fuera el caso, los fondos serían negados). Esta situación es representativa del zeigeist de los Estados Unidos a mediados de la década de los 50: En el zenith de la época macartiana, cualquier persona que profesara interés en la homosexualidad era considerada sospechosa. No obstante, Eberhart y otros directores del NIMH estaban interesados en el proyecto de investigación de Hooker ya que no existía al momento datos sobre hombres homosexuales provenientes de muestras no clínicas o en condición de encarcelamiento. Así es como, en desafío a todas las probabilidades, Evelyn recibió los fondos para su investigación. No es de sorprender, sin embargo, que el proyecto de Hooker fuera conocido entre los compinches de Eberhart en el NIMH como el ‘proyecto de las hadas’ (por el término ‘fairy’, el cual se usa como peyorativo para hombres homosexuales).

Uno de los primeros pasos para la Dra. Hooker fue diseñar el estudio de tal manera que cumpliese con las condiciones del NIMH y de la UCLA. En primer lugar, tuvo que conseguir un consultor del área de psiquiatría ya que su propuesta de investigación utilizaba el término psicopatología (el cual era dominio de la especialidad galena). Para ello, enlistó a Frederic Worden, un miembro nuevo del departamento de psiquiatría en UCLA, quien se había interesado en la propuesta de Hooker ya que tenía dudas de que existieran ‘homosexuales psicológicamente saludables.’ En segundo lugar, la UCLA estaba convencida de que el estudio debía ser llevado a cabo en las instalaciones de la universidad. No obstante, en un tiempo en el que los comités de bioética para la investigación aún no existían, la confidencialidad de los datos y por ende, la seguridad e integridad física de las personas que participaran en su proyecto debía ser resguardada. Así, la Dra. Hooker se resistió a esta imposición argumentando que los hombres gay no querrían participar en su estudio si se realizaba en la UCLA ya que podrían ser fácilmente identificados. Para salvaguardar la información de estos individuos inclusive rechazó varias propuestas de colaboración por especialistas que deseaban ser co-autores de su estudio. Eventualmente, Hooker ganó esta disputa y logró que la investigación se llevara a cabo en su propio domicilio.

El estudio involucraría a 30 hombres gay (grupo experimental) y 30 hombres heterosexuales (grupo control). El reporte Kinsey sobre comportamiento sexual en hombres había sido publicado años atrás, y Evelyn lo incorporó en su estudio: Buscó incluir participantes que se definieran a sí mismos, según la escala Kinsey, como 0’s y 1’s para el grupo control y 5’s y 6’s para el grupo experimental (para quienes recuerdan, la escala Kinsey trata de ordenar por rangos la orientación sexual, siendo 0 completamente heterosexual y 6 completamente homosexual). Ambos grupos estarían conformados por hombres de edades y coeficientes intelectuales similares, y ninguno de los participantes debía contar con reportes de problemas mentales previos (i.e., tratamiento psiquiátrico o institucionalización previo). Con la ayuda de sus amigos, Sam From, y organizaciones sin fines de lucro como la Sociedad Matachín de Los Ángeles (una de las primeras organizaciones gay de los Estados Unidos), la Dra. Hooker consiguió rápidamente 30 hombres gay para su estudio. El gran reto fue, irónicamente, encontrar una muestra similar de hombres heterosexuales que estuviesen dispuestos a participar. Después de todo ¿cómo habrían de participar en un proyecto que se relacionaba con homosexualidad?

¿Quieres saber de qué trato el estudio, qué conclusiones tuvo y cómo impactó en la comunidad científica y el mundo?

¡Espera a la próxima publicación (Parte 2) de este artículo!

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