¿Cómo entendemos la Sexualidad?

Gibran Rodríguez

Escrito por

Gibran Rodríguez



¿Cómo entendemos la Sexualidad?

General


Sexología

17 de julio del 2017


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Antes de comenzar con este tema realicemos un ejercicio: pregunta a 3 personas a tu alrededor qué significa para ellos(as) el término sexualidad. Pídeles que, sin darle muchas vueltas al asunto, nombren palabras sueltas que relacionen con este concepto. ¿Listo(a)? Si sí llevaste a cabo este breve ejercicio, es probable que muchas de las respuestas obtenidas girarían en torno a la relación sexual y placer, y/o a la reproducción humana. Aún cuando una concepción de este estilo resulta comprensible y fácil de procesar, limita nuestra concepción de la sexualidad. Socialmente hemos representado (tal vez equivocadamente) a la sexualidad humana de manera muy concisa y sencilla cuando en realidad es un tema más complejo.

¿En verdad la sexualidad es sólo placer y reproducción? Para nada. Consideremos un fragmento de la definición de sexualidad de la Organización Mundial de la Salud (OMS) del 2006: “la sexualidad es un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vivencia a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales [...]." Si un organismo mundial reconoce a la sexualidad como algo que va más allá de nuestras capacidades para experimentar placer y reproducirnos, ¿de dónde y por qué surgió una concepción socialmente aceptada tan reduccionista de nuestra sexualidad?

Consultemos la Historia para comprender este fenómeno social. Hoy sabemos que la sexualidad es un concepto abstracto con el que damos sentido a una dimensión de nuestra naturaleza humana. Como término, es algo relativamente nuevo, pues fue acuñado en el siglo XIX y su significado ha ido cambiando con el tiempo, ya que en un inicio fue aplicado exclusivamente en Botánica. Solo años después se aplicó a la especie humana y se utilizaba para describir nuestro aspecto biológico-reproductivo. Pero esto no significa que antes de que se acuñara el término la sexualidad humana no existiera; más bien, nuestra manera de interpretarla y vivirla era distinta.

Veamos esto paso a paso. Al formar parte de la especie humana estamos programados genéticamente para poseer ciertas características innatas. Somos sexualmente dimorfos y nos reproducimos de manera sexual para producir organismos nuevos muy parecidos a nosotros. Si bien estas características han sido estables a lo largo de la evolución e historia de la humanidad, la manera en que las significamos, es decir, cómo nos explicamos esto a distintos niveles (psicológico, social, cultural, económico, etc.), ha estado en constante cambio. Así, sabemos que la sexualidad posee un componente biológico ineludible, pero también posee componentes psicológicos, sociales y culturales que caracterizan la manera en que experimentamos nuestra condición como seres sexuados.

Algunos pensadores como Michel Foucault consideran a la sexualidad como un término histórico, postulando que paralelo al desarrollo de nuestra civilización el sentido otorgado al comportamiento y características sexuales cambia. Es decir, mientras se sentaban las bases del pensamiento moral, social y político actual, nuestra manera de interpretar lo que hoy conocemos como sexualidad se vio impactada y a su vez, influía en el mismo acontecer histórico, moldeando muchas posturas, ideologías, políticas, etc.

Tomemos ejemplos concretos contrastando dos épocas: la Edad Media y el siglo XXI. Todos hemos escuchado hablar de las grandes restricciones de la Edad Media, incluyendo la estigmatización de algunas expresiones eróticas y amorosas (i.e., fornicación, sexo oral, sexo anal, etc.). Hoy en día estos temas, aún cuando muchos se puedan escandalizar, han permeado nuestra cultura popular occidental en tal medida que los escuchamos casi a diario (hagamos memoria sobre las canciones más recientes de música pop o reggaeton en la radio, las películas en el cine, “50 Sombras de Grey”, etc.). Es decir, estos temas se han incorporado a nuestra cultura cuando en otra época eran restringidos. La cuestión aquí es que seguimos siendo los mismos seres humanos con el mismo genoma y las mismas características biológicas, y sin embargo, nuestra manera de experimentar estos temas ha cambiado. Es decir, como sociedad hemos legislado y manejado la sexualidad en relación con la regulación y el control social, además del poder.

Como podemos observar, la manera en que hemos estructurado la sexualidad humana ha sido influenciada por factores sociales, económicos, políticos, religiosos e inclusive geográficos. Partiendo de nuestro potencial reproductivo y sexual (biológico), estos factores han sido incorporados a la ecuación y han convertido a la sexualidad humana en un caso especial en comparación con otros organismos vivos. Así, la manera en que vivimos nuestra sexualidad se expresa en conjunción con estos factores, por ejemplo, en cómo asignamos roles sociales a los hombres y a las mujeres a partir de nuestras diferencias biológicas (¿quién hace qué y qué es esperado socialmente de cada género?), la manera en que nos relacionamos afectivamente con otros (¿qué es lo que es socialmente fomentado?), el manejo de la reproducción (¿cuándo debemos reproducirnos y cuándo no?) y la manera en que experimentamos el placer sexual (¿qué está permitido y qué no?). Para concretar esta idea, piensa en las razones por las que hay más hombres en puestos de poder que mujeres, el por qué como sociedad occidental exaltamos el amor romántico y monógamo (fenómeno raro en la naturaleza), el auge de la planificación familiar una vez que los recursos comienzan a escasear y la criminalización de ciertos actos (e.g., masturbación) en ciertas comunidades. La vivencia de la sexualidad variará según la sociedad, cultura, zona geográfica, economía o régimen político que consideremos.

Por tanto, la sexualidad es tan compleja y comprende tantos componentes del ser humano que abordarla desde un sólo enfoque resultaría en una explicación reduccionista, es decir, la simplificaríamos a tal grado que perdería su verdadera esencia. No obstante, la reducción de la concepción de la sexualidad la vuelve más fácil de comprender, por lo que considero que esto pudo haber sido un factor que ha promovido la visión biológico-reproductiva a nivel social. Por años, los estudios sobre sexualidad estaban a cargo de las ciencia médicas, las cuales se enfocaba en las características fisiológicas y biológicas del comportamiento sexual. No obstante, hoy sabemos que la sexualidad se puede expresar en todos los niveles de la existencia humana, por lo que su estudio requiere integrar diversas disciplinas para aproximarnos a una comprensión más completa de lo que es sexualidad. Por tanto, no sólo es óptimo, sino necesario incluir en el estudio de la sexualidad disciplinas como la historia, la filosofía, la psicología, la antropología y la sociología, por nombrar algunas.

¿Por qué? Porque no se trata del simple hecho de haber nacido como hombre, mujer o con genitales ambiguos, sino el modo en el que somoscriados y educados a partir de estas características, la manera en que vivimos el potencial de nuestro cuerpo para experimentar placer, nuestra manera de afiliarnos o relacionarnos con los otros, el modo en el que experimentamos nuestro potencial reproductivo y en general, el cómo nos percibimos a nosotros mismos en relación con el entorno social. La sexualidad no es sólo placer y reproducción, ni tampoco es igual al estudio de la relación sexual. La sexualidad es cómo vivimos y expresamos nuestra condición de seres sexuados.

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